26 de abril de 2013

Los q no estamos

"Somos muchos los que por diferentes motivos un día decidimos dejar nuestra casa, familia, amigos o amores para irnos a otra tierra a empezar de nuevo. Sin ventajas, sin enchufes, sin apoyo, sin carro, sin casa, sin panas, sin abuelas, sólo con la maleta llena de trapos inadecuados para el invierno, ilusiones, un título enrollado en un tubo lleno de sellos que valgan pa’ todo, un paquete de Toronto y una lata de Pirulín, Diablito y hasta gelatina Rolda, para aguantar hasta que el primer valiente se uniera o viniera a visitarnos. Un bolsillo lleno del dinero de todo lo que alguna vez tuvimos pero hemos vendido, durante el proceso de indecisión, de robos, secuestros.

Muchos quisimos tirar la toalla más de una vez y mandar a donde se merecía al ignorante de turno, agarrar el primer avión cuando no teníamos cerca a nadie que nos hiciera un caldo para pasar la gripe. Muchos gastamos todo lo que nos sobraba del sueldo en tarjetas, facturas, cibercafés, estampillas, y cuanto medio nos permitiera seguir en contacto con los que se quedaron en casa o con los otros que estaban desparramados por el mundo.

Muchos tuvimos que auto-cantarnos cumpleaños, cenar solos en Navidad, trabajar en Año Nuevo para que el trago fuera menos amargo. Muchos nos perdimos los momentos de vida o muerte de nuestros seres queridos. Somos los eternos ausentes en las bodas, nacimientos, graduaciones, bautizos e incluso de los funerales. Nos hemos convertido en facebook, twitter, skype, whatsapp, viber, facetime, dependientes, y eso después de haber superado la era de la Icq, Messenger, Postales Electrónicas, fax y otros.

Hemos hecho nuevos amigos, formado una familia o hemos sido adoptados por la de otros. Nos hemos acostumbrado al frío, al trasporte público, a caminar sin aferrar la cartera como si se tratara de la vida, a usar los hospitales públicos, a no dejar la luz encendida, a abrir las ventanas antes que encender el aire acondicionado, a dejar las frutas tropicales para los momentos especiales, a cocinar, a limpiar, a administrarnos.

Hemos aprendido a cruzar por donde se debe, conducir como se debe, bajar y subir donde se debe, a sentarnos en el autobús o ir apretados pero nunca colgando en la puerta, al silencio, a los parques con los columpios puestos, a las calles limpias, a la basura en las basureros, a la radio diferente, al acento de Los Simpson, a cargar muchas moneditas en el bolsillo.

Hemos aprendido a explicar a un carnicero cuál es el pedazo de carne que queremos para hacernos una carne mechada, a encontrar los sitios donde vendan maltas y plátanos maduros. Hemos sido hormiguitas ahorradoras para organizarnos unas vacaciones en nuestra casa y con nuestra gente.

Nosotros no somos millonarios porque ganemos en dólares, euros, libras o pesos. Somos un montón de gente que le ha echado BOLA, tanto como en nuestro propio país, pero con las oportunidades que allí no nos deparaban en estos catorce años.

Nosotros somos testigos del cambio porque para poder ver la totalidad de las cosas, hay que tomar distancia. Somos unos nostálgicos permanentes que añoramos el lugar donde nacimos y crecimos, pero ese, incluso como era cuando nos fuimos, no el que ya no reconocemos.

Nosotros criticamos al gobierno de nuestro país, pero también al del que nos acoge. Nos quejamos de lo que va mal allí y aquí. Los políticos corruptos, los impuestos, el desempleo y ufff el precio de la gasolina. Buscamos soluciones para los dos lados, queremos mejoras en los dos lados porque tenemos derecho a ellas. En el primero porque aunque estemos lejos nunca hemos dejado de ser venezolanos, y en el segundo porque somos ciudadanos pagadores de impuestos y eso nos da derecho a exigir.

Nosotros somos los que con las tripas revueltas le reclamamos a los que ni siquiera saben cómo se hace un papelón con limón que ponga de ejemplo lo indefendible. Sí, porque por aquí abundan los que ponen a Venezuela como modelo de no sé qué, pero ni a palo se desprenden de sus beneficios y se van con sus macundales a vivir todo aquello de lo que nosotros salimos huyendo.

Nosotros somos esos con amigos en todo el mundo que siempre tenemos visita en casa, que cargamos y pedimos encargos, esos mismos que sufrimos paranoias nocturnas preguntándonos si nuestros seres queridos están en casa sanos y salvos cuando no responden un mensaje a tiempo, que aunque estemos pasando el peor trago de nuestras vidas siempre le decimos a nuestras madres que “estamos finos, bien, chévere”.

Nosotros somos los que hacemos reír a nuestros nuevos amigos, los que les decimos que tienen que conocer el mejor país del mundo, playas, gente, mujeres, pero que no vayan solos porque la vaina es peligrosa. Nosotros somos los que dejamos “el pelero”, pero somos venezolanos, amamos a nuestra patria, la extrañamos y siempre pensamos que aunque. viejitos y arruga’os vamos a regresar.Nosotros somos los que aguantamos el chaparrón solos y desde lejos. Nos fuimos y merecemos el mismo respeto que los que se quedaron, pero mucho cuidado, no se equivoquen, no nos vendemos, no estamos ciegos, no vemos pajaritos ni nos abanicamos con una faja de plata, estamos lejos pero no somos TRAIDORES!!! También queremos un cambio, un mejor camino, seguridad, respeto para todos los Venezolanos”

Firmado: Algún Venezolano como cualquiera de ustedes

14 de abril de 2013

Cubazuela

En uno de sus discursos en Chile despues del triunfo de la “revolución”, Castro dijo una frase lamentable que retrata el pensamiento inconfesable de mucha izquierda latinoamericana: “El poder no se entrega”. Se dirá que era parte de aquellos exaltados años 60, llenos de emoción y descubrimiento, donde más que pensar, al estilo de Descartes, se sentía estar vivo.

Infortunadamente, aquellos polvos trajeron estos lodos.“El poder no se entrega” es la intrínseca concepción del más rancio leninismo que se siente ungido, nadie sabe por quien, a cambiar a su antojo y deseo los destinos del colectivo donde vive. La frase encierra una arquitectura ideológica contra la democracia con su saludable alternancia en el mando, y el provecho astuto de este sistema como protocolo, usando su respeto a la diferencia para posteriormente prescindir de él. Vale acotar que Castro formó a buena parte de la actual izquierda latinoamericana a su imagen y semejanza, esto es, bajo la premisa del pragmatismo y el oportunismo.

Toda argucia, toda mentira, se justificaría teleológicamente luego, con la toma del poder democráticamente o por la armas, qué importa, en tanto este poder sea posteriormente eterno.Así como muchos niños ansían visitar Disneylandia para ver la tierra de la fantasía, en analogía no tan forzada, mucha izquierda latinoamericana ha hecho su peregrinaje a La Habana a tomarse la foto con el fetiche, sea en un caso Mickey Mouse, o en otro, Castro. De allí salieron muchas iniciativas para desestabilizar regímenes hemisféricos, en Centro- y Sudamérica, pensando que si las “condiciones objetivas” para una revolución social no estaban maduras, pues había que provocarlas. Los cursos ideológicos socialistas en los 70 y 80 se volvieron parte del turismo político de izquierda, para quien aspiraba cierto pedigree futuro de dominio.Pero quien va a Disneylandia no va a preguntar por la condiciones laborales de los trabajadores, ni los costos o problemas logísticos. Así, esa izquierda que iba (o que va) a La Habana lo hacía con miras a solazarse en un sueño de autoafirmación.Para ellos, como un país Potemkin de utiliería, Castro previó la “otra” Cuba: la del paraíso de los “luchadores sociales”, con acceso a muchos beneficios que un cubano de a pie jamás conocerá en vida. Esa es la esencia de todo comunismo: repartir masivamente la miseria para que haya una élite que maneje y planifique el acceso a los recursos, y también, claro, que dirija la escasez programada de estos recursos.Todos los socialismos o comunismos son una quiebra económica perpetua. Las llamadas “revoluciones socialistas” comienzan por predar la estructura existente, y cuando todo se acaba, suceden años de penuria y miseria económica. Políticamente, años de más represión. Por ello mismo, casi desde el comienzo, Castro supo que más que la Unión Soviética, la perla del Caribe era Venezuela, con su ingente riqueza petrolera. “Con mi revolución y su petróleo”, le dijo al entonces presidente Rómulo Betancourt, quien tardó menos de diez minutos en mandarlo a las duchas, deportivamente hablando.

Cubazuela es pues, un proyecto político de vieja data: controlar una nación y sus riquezas a distancia para mantener viva una revolución inservible. Ante él han cerrado los ojos muchos mandatarios, cegados por los intereses o por el respeto que da una gruesa chequera dirigida con fines turbios mientras se oprime y exprime a un pueblo.Este domingo solo los venezolanos podrán votar, pero todos los demás latinoamericanos podrán expresar su opinión sobre lo que está aconteciendo allí. Es una nación que ha recibido en 15 años el presupuesto actual de Costa Rica para mas 100 años, y que sigue tan pobre o más que antes.Si toda relación entre países se reduce a un puro beneficio crematístico, si toda política internacional es solo eso, como pretende tristemente demostrar Luis Ignacio da Silva, promoviendo para los demás políticas opuestas a las que el usó en su país, entonces la democracia se ha neoliberalizado realmente y está gravemente enferma.