Irán: si paseas tu perro, lo confiscan
“Se están llevando a los perros y multando a sus propietarios”, se advertía a media voz a finales de mayo en los parques de Teherán. Con la campaña electoral iraní en marcha, sólo quienes tenían una mascota prestaron atención. Un responsable policial confirmó que sus agentes iban a “hacer frente a quienes pasearan sus perros por las calles y que también se incautarían de los coches que los llevaran”. Aunque nunca se han visto muchos canes en las ciudades iraníes, no es la primera vez que la policía actúa contra quienes tienen uno. ¿Qué les pasa a las autoridades iraníes con esos pobres animales? ¿No tienen problemas más importantes de que ocuparse?
La respuesta facilona es echar la culpa al islam. Es sabido que esta religión considera impuros a los perros. Eso sin embargo, no significa que los prohíba, sino que después de tocarlos hay que lavarse, lo cual no parece muy descabellado. De hecho, en los países islámicos, como en el resto del mundo, agricultores y cazadores siempre han usado perros para sus tareas. Cuando en 2007 realicé un reportaje sobre la lucha contra la droga que la policía iraní lleva a cabo en la frontera con Afganistán, sus agentes tenían sabuesos amaestrados como es lo habitual.
No son los perros lo que preocupa a los gobernantes iraníes, sino las mascotas. De hecho, la ofensiva lanzada hace un mes también afectaba a los gatos. Y eso que, según la tradición, el propio Mahoma tuvo un gato muy querido, Muezza, lo que ha servido para que, entre los muslmanes, los felinos sean más apreciados que los canes como animales de compañía.
Quedó claro hace dos años cuando varios diputados propusieron una ley que criminalizara su posesión. “Plantea un problema cultural, es una imitación ciega de la vulgar cultura occidental”, justificaban los legisladores. En su apoyo, contaban eso sí con la fetua emitida meses antes por el gran ayatolá Naser Makarem Shirazí, que advertía de que tener un perro puede llevar a “la corrupción de la familia y a dañar los valores sociales”. Desde entonces, las autoridades prohibieron los anuncios de venta de mascotas y productos relacionados, aunque en los supermercados grandes siguió habiendo comida para perros y gatos.
Pero la obsesión con este asunto se remonta a los primeros años del Gobierno de Mahmud Ahmadineyad. Fue entonces cuando se produjo la primera acción policial contra los propietarios de perros en paralelo con una campaña de moralidad que afectó a la forma de vestir de las mujeres y los cortes de pelo de los hombres.
Hasta entonces, nadie se había preocupado de una afición que, a pesar de aumentado en la última década, no deja de ser bastante minoritaria. Para los más conservadores, tener una mascota, como que una mujer enseñe los tobillos o un joven se peine una cresta, no deja de ser un acto de rebelión.
Por su parte, Reza Javalchi, presidente de la Sociedad Iraní para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, ha denunciado a France24 que pese al anuncio oficial de que los perros confiscados podrían recuperarse al día siguiente en un parque de Teherán, los dueños no los hallaban allí. Según este activista, los animales eran llevados a un centro de la región de Kahrizakm, donde se han reunido a 150. "Alrededor de 50 han muerto y la mayor parte han enfermado", ha asegurado.