Viejos amores
Me vienen muchas veces como roncas sirenas
de barcos en la niebla o pitidos sombríos
de trenes en la noche. Y tienen la nostalgia
de la vieja cantina de la vieja estación.
Son los viejos amores, los mismos que dejaron
en la piel el sudor de la sal y el gemido
de un cuerpo que quería morir en ese instante
en que todo comienza cuando todo acabó.
Los antiguos amantes, como sombras de piedra,
lo mismo que la espuma de un cóctel y lo mismo
que la suave ternura de la palabra siempre,
como el sabor a luna que tiene la pasión.
Pienso mientras evoco sus nombres y sus besos
que no habrá cuerpos tan dulces y tan vivos
como aquellos amados que apenas ya recuerdo
que dejaron su huella con la palabra adiós.
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