And I can’t change
Even if I tried
Even if I wanted to
I can't change
Even if I try
Even if I wanted to
My love My love My love
She keeps me warm
https://www.youtube.com/watch?v=hlVBg7_08n0&feature=youtube_gdata_player
And I can’t change
Even if I tried
Even if I wanted to
I can't change
Even if I try
Even if I wanted to
My love My love My love
She keeps me warm
https://www.youtube.com/watch?v=hlVBg7_08n0&feature=youtube_gdata_player
La elegante señorita del establecimiento me miró de arriba abajo desde detrás del mostrador y, sin hacer el menor movimiento, sentenció que no tenía faldas de mi talla: ¡Es usted demasiado grande! – dijo.- ¿Comparada con qué? – repliqué.
- Pues con la talla 38. Lo normal es una 36 o una 38. Las tallas grandes, como la que usted necesita, puede encontrarlas en tiendas especiales.
Era la primera vez que me decían semejante estupidez respecto a mi talla.
- Y ¿se puede saber quién establece lo que es normal y lo que no? – pregunté a la dependienta como queriendo recuperar algo de mi seguridad si ponía a prueba las reglas establecidas. – ¿Quién ha dicho que todo el mundo deba tener la talla 38? – bromeé, sin mencionar la talla 36, que es la que usa mi sobrina de doce años, delgadísima.
- La norma está presente en todas partes, querida mía. En las revistas, en los anuncios. Es imposible no verlo. Si aquí se vendiera la talla 46 ó 48, que son probablemente las que usted necesita, nos iríamos a la bancarrota. Pero ¿en qué mundo vive usted, señora? Lo siento, pero no puedo ayudarla, de verdad.
- Pues vengo de un país donde no existen las tallas en la ropa de mujer – repliqué-. Yo misma me compro la tela, y la costurera del barrio o un artesano me hacen la falda que le pido a medida. De hecho, si quiere que le diga la verdad, no tengo ni idea de qué talla uso.
- ¿Quiere usted decir que no vigila su peso? – me preguntó con cierta incredulidad.”
Fatema Mernissi, nacida en Fez en 1940, estudió Ciencias Políticas y fue becada por la Sorbona para un doctorado en la universidad de Brandeis, Estados Unidos. Historiadora, ensayista, doctora en sociología y profesora en la Universidad Mohamed V de Rabat. También ha sido asesora de varios organismos como la UNESCO o la BIT. Es una de las intelectuales marroquíes más conocidas en Europa, destacando por su defensa de los derechos de la mujer y por ser una autoridad mundial en estudios de El Corán, así como por el estudio del impacto de las nuevas tecnologías en el mundo islámico.
Mernissi defiende un concepto humanista donde las mujeres tienen que asumir su papel luchando con la palabra, el arma principal para lograr la igualdad, y un enfoque por la lucha por los derechos humanos y la revolución a través de la mejora de las habilidades de comunicación.En 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, junto a Susan Sontag.
Eva Longoria, Lara Fabián, nadadores franceses y más se fotografían contra la homofobia: Olivier Ciappa presenta la exposición 'Les Couples Imaginaires', donde famosos heterosexuales posan con otros del mismo sexo en escenas cotidianas de pareja.Las imágenes son muy bonitas y sencillas, en blanco y negro, enseñando algo de carne pero sin fuerte carga erótica.
El fotógrafo Olivier Ciappa les pedía a los improvisados modelos que se comportaran de manera natural, tal como lo harían con sus parejas si fueran de distinto sexo. Sin duda se trata de una exposición muy necesaria en estos momentos en Francia, para combatir la homofobia que hemos visto aumentar durante los últimos meses a raíz de la aprobación de la ley de matrimonio homosexual.
Entre los famosos fotografiados, destaca la foto de la actriz Eva Longoria con la cantante Lara Fabián (a quien ya vimos rodeada de parejas gays en su último vídeo), la primera de la galería que te dejamos a continuación. También te gustará la que encabeza esta entrada, la de los nadadoresolímpicos, Frédérick Bousquet y Florent Manadou, dándose una cariñosa ducha pese a que entre ambos no hay nada, de hecho la novia del primero es la hermana del segundo. Disfruta de 'Les Couples Imaginaires':
"Somos muchos los que por diferentes motivos un día decidimos dejar nuestra casa, familia, amigos o amores para irnos a otra tierra a empezar de nuevo. Sin ventajas, sin enchufes, sin apoyo, sin carro, sin casa, sin panas, sin abuelas, sólo con la maleta llena de trapos inadecuados para el invierno, ilusiones, un título enrollado en un tubo lleno de sellos que valgan pa’ todo, un paquete de Toronto y una lata de Pirulín, Diablito y hasta gelatina Rolda, para aguantar hasta que el primer valiente se uniera o viniera a visitarnos. Un bolsillo lleno del dinero de todo lo que alguna vez tuvimos pero hemos vendido, durante el proceso de indecisión, de robos, secuestros.
Muchos quisimos tirar la toalla más de una vez y mandar a donde se merecía al ignorante de turno, agarrar el primer avión cuando no teníamos cerca a nadie que nos hiciera un caldo para pasar la gripe. Muchos gastamos todo lo que nos sobraba del sueldo en tarjetas, facturas, cibercafés, estampillas, y cuanto medio nos permitiera seguir en contacto con los que se quedaron en casa o con los otros que estaban desparramados por el mundo.
Muchos tuvimos que auto-cantarnos cumpleaños, cenar solos en Navidad, trabajar en Año Nuevo para que el trago fuera menos amargo. Muchos nos perdimos los momentos de vida o muerte de nuestros seres queridos. Somos los eternos ausentes en las bodas, nacimientos, graduaciones, bautizos e incluso de los funerales. Nos hemos convertido en facebook, twitter, skype, whatsapp, viber, facetime, dependientes, y eso después de haber superado la era de la Icq, Messenger, Postales Electrónicas, fax y otros.
Hemos hecho nuevos amigos, formado una familia o hemos sido adoptados por la de otros. Nos hemos acostumbrado al frío, al trasporte público, a caminar sin aferrar la cartera como si se tratara de la vida, a usar los hospitales públicos, a no dejar la luz encendida, a abrir las ventanas antes que encender el aire acondicionado, a dejar las frutas tropicales para los momentos especiales, a cocinar, a limpiar, a administrarnos.
Hemos aprendido a cruzar por donde se debe, conducir como se debe, bajar y subir donde se debe, a sentarnos en el autobús o ir apretados pero nunca colgando en la puerta, al silencio, a los parques con los columpios puestos, a las calles limpias, a la basura en las basureros, a la radio diferente, al acento de Los Simpson, a cargar muchas moneditas en el bolsillo.
Hemos aprendido a explicar a un carnicero cuál es el pedazo de carne que queremos para hacernos una carne mechada, a encontrar los sitios donde vendan maltas y plátanos maduros. Hemos sido hormiguitas ahorradoras para organizarnos unas vacaciones en nuestra casa y con nuestra gente.
Nosotros no somos millonarios porque ganemos en dólares, euros, libras o pesos. Somos un montón de gente que le ha echado BOLA, tanto como en nuestro propio país, pero con las oportunidades que allí no nos deparaban en estos catorce años.
Nosotros somos testigos del cambio porque para poder ver la totalidad de las cosas, hay que tomar distancia. Somos unos nostálgicos permanentes que añoramos el lugar donde nacimos y crecimos, pero ese, incluso como era cuando nos fuimos, no el que ya no reconocemos.
Nosotros criticamos al gobierno de nuestro país, pero también al del que nos acoge. Nos quejamos de lo que va mal allí y aquí. Los políticos corruptos, los impuestos, el desempleo y ufff el precio de la gasolina. Buscamos soluciones para los dos lados, queremos mejoras en los dos lados porque tenemos derecho a ellas. En el primero porque aunque estemos lejos nunca hemos dejado de ser venezolanos, y en el segundo porque somos ciudadanos pagadores de impuestos y eso nos da derecho a exigir.
Nosotros somos los que con las tripas revueltas le reclamamos a los que ni siquiera saben cómo se hace un papelón con limón que ponga de ejemplo lo indefendible. Sí, porque por aquí abundan los que ponen a Venezuela como modelo de no sé qué, pero ni a palo se desprenden de sus beneficios y se van con sus macundales a vivir todo aquello de lo que nosotros salimos huyendo.
Nosotros somos esos con amigos en todo el mundo que siempre tenemos visita en casa, que cargamos y pedimos encargos, esos mismos que sufrimos paranoias nocturnas preguntándonos si nuestros seres queridos están en casa sanos y salvos cuando no responden un mensaje a tiempo, que aunque estemos pasando el peor trago de nuestras vidas siempre le decimos a nuestras madres que “estamos finos, bien, chévere”.
Nosotros somos los que hacemos reír a nuestros nuevos amigos, los que les decimos que tienen que conocer el mejor país del mundo, playas, gente, mujeres, pero que no vayan solos porque la vaina es peligrosa. Nosotros somos los que dejamos “el pelero”, pero somos venezolanos, amamos a nuestra patria, la extrañamos y siempre pensamos que aunque. viejitos y arruga’os vamos a regresar.Nosotros somos los que aguantamos el chaparrón solos y desde lejos. Nos fuimos y merecemos el mismo respeto que los que se quedaron, pero mucho cuidado, no se equivoquen, no nos vendemos, no estamos ciegos, no vemos pajaritos ni nos abanicamos con una faja de plata, estamos lejos pero no somos TRAIDORES!!! También queremos un cambio, un mejor camino, seguridad, respeto para todos los Venezolanos”
Firmado: Algún Venezolano como cualquiera de ustedes
En uno de sus discursos en Chile despues del triunfo de la “revolución”, Castro dijo una frase lamentable que retrata el pensamiento inconfesable de mucha izquierda latinoamericana: “El poder no se entrega”. Se dirá que era parte de aquellos exaltados años 60, llenos de emoción y descubrimiento, donde más que pensar, al estilo de Descartes, se sentía estar vivo.
Infortunadamente, aquellos polvos trajeron estos lodos.“El poder no se entrega” es la intrínseca concepción del más rancio leninismo que se siente ungido, nadie sabe por quien, a cambiar a su antojo y deseo los destinos del colectivo donde vive. La frase encierra una arquitectura ideológica contra la democracia con su saludable alternancia en el mando, y el provecho astuto de este sistema como protocolo, usando su respeto a la diferencia para posteriormente prescindir de él. Vale acotar que Castro formó a buena parte de la actual izquierda latinoamericana a su imagen y semejanza, esto es, bajo la premisa del pragmatismo y el oportunismo.
Toda argucia, toda mentira, se justificaría teleológicamente luego, con la toma del poder democráticamente o por la armas, qué importa, en tanto este poder sea posteriormente eterno.Así como muchos niños ansían visitar Disneylandia para ver la tierra de la fantasía, en analogía no tan forzada, mucha izquierda latinoamericana ha hecho su peregrinaje a La Habana a tomarse la foto con el fetiche, sea en un caso Mickey Mouse, o en otro, Castro. De allí salieron muchas iniciativas para desestabilizar regímenes hemisféricos, en Centro- y Sudamérica, pensando que si las “condiciones objetivas” para una revolución social no estaban maduras, pues había que provocarlas. Los cursos ideológicos socialistas en los 70 y 80 se volvieron parte del turismo político de izquierda, para quien aspiraba cierto pedigree futuro de dominio.Pero quien va a Disneylandia no va a preguntar por la condiciones laborales de los trabajadores, ni los costos o problemas logísticos. Así, esa izquierda que iba (o que va) a La Habana lo hacía con miras a solazarse en un sueño de autoafirmación.Para ellos, como un país Potemkin de utiliería, Castro previó la “otra” Cuba: la del paraíso de los “luchadores sociales”, con acceso a muchos beneficios que un cubano de a pie jamás conocerá en vida. Esa es la esencia de todo comunismo: repartir masivamente la miseria para que haya una élite que maneje y planifique el acceso a los recursos, y también, claro, que dirija la escasez programada de estos recursos.Todos los socialismos o comunismos son una quiebra económica perpetua. Las llamadas “revoluciones socialistas” comienzan por predar la estructura existente, y cuando todo se acaba, suceden años de penuria y miseria económica. Políticamente, años de más represión. Por ello mismo, casi desde el comienzo, Castro supo que más que la Unión Soviética, la perla del Caribe era Venezuela, con su ingente riqueza petrolera. “Con mi revolución y su petróleo”, le dijo al entonces presidente Rómulo Betancourt, quien tardó menos de diez minutos en mandarlo a las duchas, deportivamente hablando.
Cubazuela es pues, un proyecto político de vieja data: controlar una nación y sus riquezas a distancia para mantener viva una revolución inservible. Ante él han cerrado los ojos muchos mandatarios, cegados por los intereses o por el respeto que da una gruesa chequera dirigida con fines turbios mientras se oprime y exprime a un pueblo.Este domingo solo los venezolanos podrán votar, pero todos los demás latinoamericanos podrán expresar su opinión sobre lo que está aconteciendo allí. Es una nación que ha recibido en 15 años el presupuesto actual de Costa Rica para mas 100 años, y que sigue tan pobre o más que antes.Si toda relación entre países se reduce a un puro beneficio crematístico, si toda política internacional es solo eso, como pretende tristemente demostrar Luis Ignacio da Silva, promoviendo para los demás políticas opuestas a las que el usó en su país, entonces la democracia se ha neoliberalizado realmente y está gravemente enferma.