En este país lleno de iras, este país en el que hemos resuelto vivir, este país en el que pusimos a vivir a nuestros hijos, Mateo Aguilar que, hoy, quince de junio, cumple veintiocho años, me ha confiado que él prefiere no pensar en los riesgos del mundo en que en que vive. Mejor dicho, no pensar que aquí se corre el riesgo de morir porque sí, a media calle, de perderse por un rato y quedarse perdido. Vivimos en la ciudad de México, que hace ya mucho tiempo dejó de ser la ciudad más peligrosa del país, pero que sin duda es más peligrosa que Nuuk la capital de Groenlandia y que Bariloche en donde aún se puede pedir a un desconocido que nos lleve en su automóvil a la esquina siguiente. Mateo tiene razón. Si hemos de vivir aquí, si en estas calles y bajo este cielo seguirán siendo sus cumpleaños, mejor será imaginar que algo podremos hacer para corregir nuestro destino, que algo que no es el destino depende de nosotros.
Angeles Mastretta
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